Por Jessica Valdez
Era de color gris payne y sus alas revoloteaban ágiles, se posó sobre una miga de pan, miraba a su alrededor, levanto las alas y fue tras las sobras dulces de la chocolatada que posaba sobre la mesa, miraba por todos lados, sus ojos se multiplicaban tratando de encontrar el dulzor a su alrededor. Sobrevoló nuevamente por la cabeza de aquel joven que yacía leyendo el periódico.
La mosca se paró sobre el foco, miraba de arriba con un ángulo de 360 grados. Luego se asomaba a los pies de aquel individuo, la mosca siente una ráfaga helada de aire y una mano gigante viniendo hacia ella. Sin embargo logra esquivarlo. La mosca hizo entonces un recorrido por toda la habitación, parándose sobre la pared blanca frotando sus negras y peludas patas entre sí. Parecía tranquilizarse por tremendo susto que había llevado.
Fue hacia la taza a beber aquel néctar dulce que se concentraba en el fondo, el calor era insoportable, entonces suena el ventilador, giraba en forma ondulante haciendo difícil el viaje del bicho alado.
La mosca emprende el vuelo nuevamente siendo atraída por un olor en particular, muy dulce, la mosca se dio cuenta de que aquel dulce se ocultaba dentro de una caja detrás del ventilador, y que sería arduo llegar hasta ella. La mosca que parada sobre la cabecera de la cama parecía planear con sus patas, alguna triquiñuela que la ayudasen a traspasar aquel ventarrón sin salir herida, y de esta manera poder degustar aquel sabroso bocado. Se acercó al ventilador, pero el viento la golpeó estrepitosamente sobre la lámpara, y aún con vida se sigue lamiendo sus patas.
La mosca vuela hacia el techo para encontrar desde otra perspectiva alguna solución a su problema, el olor de aquella caja era increíble. Mientras el ventilador iba de derecha a izquierda, de arriba abajo la mosca planeaba el mejor vuelo de su corta vida, pero cae nuevamente sobre la tela áspera de la cama, al cabo de unos minutos la mosca volaba decidida hacia su objetivo, eran los segundos precisos antes de que el ventilador voltease a empujarla con su viento helado.
Con mucha valentía logra atravesar el ventilador, era aquella una misión cumplida para la mosca que sacudía sus patitas traseras y limpiaba las delanteras con su hocico largo y negro, luego la mosca solo atinaba a succionar aquel manjar. Terminada la comilona frotaba sus patitas en señal de victoria y como quien se chupa hasta el último dedo. El pequeño bicho parado sobre la caja, se frota las patas y sus alas se restriegan entre ellas, entonces emprende el vuelo pero una mala maniobra hace que salga disparada hacia una vieja tela de araña.
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