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Taller de Creación Textos tiene por finalidad ayudar a las personas a consolidar sus impulsos creativos en un relato. Este proceso dura diez semanas donde no necesita tener conocimientos previos de literatura o escritura, solo las ganas de querer escribir. Partimos de la idea de que todos tenemos un estilo oculto en el fárrago y por medio de los ejercicios iremos depurando lo que está demás, dejando solo la voz del autor. Durante dos años hemos venido desarrollando el taller para jóvenes y adultos interesados, es un trabajo complejo porque la mayor complicación es la predisposición a escribir, las personas que ingresan vienen con la idea de que solo con teoría lograrán algo y no es así, se enfrentan a una autocensura innecesaria, para luego enfrentarse al hecho de ¿Cómo empezar? En este período hemos conseguido que la mayoría de los participantes logre escribir un relato de manera coherente, puntual y sobre todo desde su estilo (voz), ya solo dejamos en ellos la responsabilidad de darle carácter a su escritura por medio de la lectura constante y el oficio de seguir escribiendo.






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viernes, 8 de mayo de 2020

Sin Título (marzo-2018)

Por Cecilia

Tiempo atrás vi un aviso de “Taller de Narración” en el Facebook. Me entró la curiosidad de sumergirme en un nuevo aprendizaje. Buscaba aprender la forma correcta de narrar un tema, porque tengo dificultad para expresarme. Entonces, había pactado una cita hace un mes atrás, tenía curiosidad por ver cómo es narrar. ¿Será contar lo que me pasa, o tal vez generar una interesante historia de fantasía?, o contar un sueño de esperanza y autoayuda, sea cual fuese su significado, deseaba conocer cómo sería y si aprendería hacerlo bien.

Pero el caso torna complicado al tratar de ganarle al tiempo, con circunstancias como salir fuera de la hora de trabajo, entre otras. Deseaba invitar a Eli, una amiga de hace unos años, a  quién a veces le digo que hay la posibilidad de un nuevo aprendizaje, entonces ella sin objeción solía acompañarme, y digo solía porque esta vez ella se encontraba en una tienda, está armando su  nuevo hogar y entendí la situación por lo que en esta oportunidad no me acompañaría y tan poco insistí a esto nuevo como un espacio algo  imaginario. Siempre  que leía algo, pensaba ¿Qué inspira a alguien a escribir? ¿Se debe tener un talento especial? ¿Son especiales los talentos que se debe tener para escribir? O ¿Será que tendría que haber pasado por muchas experiencias para narrar?, o solo son las lecturas que haces para poder narrar. En fin tantas interrogantes, una tras otra. Llamé.

Pacte una hora, escogí el último turno, pero aun así el tiempo desorganizado que tengo me va en contra. Llegar de un lugar para llegar a otro, el tráfico, las llamadas al taxi y esperar, etc.  … Pero fue más fácil salir que pensarlo.  Salí a la calle y tome un taxi, y con la dirección que tenía en los mensajes guardados del celular encontré un mapa que me guio a la dirección y así pude llegar a mi destino, ver y conocer a Augusto, quien me llevará a un campo desconocido, la narración.

TRÁFICO (marzo-2018)

Por Claudia Vaccaro

Cada vez que estoy atascada en el tráfico de la Avenida Javier Prado me siento miserable, sobre todo si es en bus, el camino es largo y estar parada todo el trayecto, cansa. Me estresa, porque todos estamos a la espera de un asiento libre, es casi como acechar una presa, aquí gana el más rápido. Esta vez estoy sentada en la combi rumbo a encontrarme con unas amigas, observo los colores en el cielo y me extraña que esté tan lindo, es Lima y aquí casi nunca sale el sol.

Esta imagen me recuerda el atardecer que captura toda la alameda en Tacna, mi ciudad. Una avenida larga, llena de palmeras y muchas veces de chilenos. Quizá la mejor hora para pasear es durante la madrugada, la bruma es densa, imposible de esquivar. Un frío delicioso se posa en tu rostro, las luces evocan vida nocturna, la típica nostalgia que se vive cada madrugada de sábado. Me aparto de mis pensamientos y recuerdo que voy tarde, no llevo reloj pero ya presiento que las chicas se molestarán conmigo porque me esperan. Por alguna razón nunca pude llevar una pulsera o reloj en la muñeca. Prefiero libertad en mis manos, los adornos pueden esperar. Mi excusa será que no vi la hora.

Llegué al café y empezamos a conversar, rápido todas sueltan las ideas para una Semana Santa de “reflexión”, eso implica harto alcohol. Es casi unánime la idea de ir a la playa, el sur de Lima es el punto ideal para la fiesta. Cómo explico que ya me aburrió lo mismo cada feriado largo. Sofía quiere tomar ron, Amanda y las demás aman la cerveza más que a nada, el Pisco será mi opción.

Cerramos el plan con la palabra yolo (You Only Live Once), antes esa frase me motivaba a no dejar de festejar la vida, ahora me causa ansiedad. ¿Cuánto tengo que vivir para cerrar el círculo de la juventud?, ¿Cuándo inicia el “ya viví”? ¿Estoy dónde debo estar? Dejo de cuestionarme todo, pienso en la playa que vamos a visitar y no me gusta, es imposible nadar ahí. Prometí no ser esas personas que solo van a la playa a tomar, el mar es muy importante para mí y además  me encanta bañarme. Así como en el lugar de mi infancia, Boca del Río, donde conozco cada roca, cada pocita, todo. Suspiro luego de recordar sus atardeceres y me empiezo a sentir tonta.

Sofía me pregunta si me pasa algo, respondo que no y me cree. La gente siempre prefiere creer lo que conviene. Nos subimos a la camioneta de Amanda, la reunión de coordinación fue un éxito, nadie peleó. Más allá de todas las ideas que pasan por mi cabeza, no dejo de agradecer tenerlas a mi lado, durante muchos años han sido mi compañía. Mientras las observo cantar una canción de Molotov a toda voz, me siento hasta un poco culpable de no estar tan animada. Estamos por la Avenida Pardo, apoyo mi cabeza en la luna de auto, me percato que empezó la llovizna típica de verano, me reconforta. ¿En qué momento me volví tan cojuda? Me pregunto eso mientras me uno al canto de Sofi y Amanda, “Gimme the power” siempre sube los ánimos.

Cuando llegamos a Barranco, entramos al primer bar que encontramos. Empezamos a tomar como si fuese concurso, solo que en este caso el premio es la resaca. Saltamos cuando suena The Strokes, siempre saltamos con la misma canción. Saludamos a un grupo de amigos y hacemos salud por la vida. Sin notarlo son las cuatro de la mañana, bajan el volumen de la música; nos están botando. Las chicas me dicen que la sigamos, pero entre el tráfico de la  Av. Javier Prado, el sentimiento de añoranza que me invadió todo el día prefiero ir a dormir. Pido el taxi por medio de una aplicación y me despedido. No sin antes recibir un abrazo grupal donde todas decretan que la Semana Santa va a estar de puta madre.

Al abrir la puerta de mi departamento me encuentro con un desorden que termina de fastidiar el sábado. Sin dudar me dirijo al patio, prendo el sexto cigarro y escuchó la noche apagarse. Una y otra vez fumó, de repente, como un golpe de humo en el pecho se viene una idea a mi cabeza. ¿Y si me voy de Lima?

Sin título (junio 2018)

 Por Richard Calle

Todos los días despertaba viendo la misma habitación, como si se tratara de un mismo sueño. Esa mañana vio en el espejo. Y no recordaba cuando fue la última vez que lo hizo. Al verse  preguntó cuándo era que se había vuelto en un descuidado y solitario cuarentón.

Vivía en una casona, donde una pileta olvidada y un largo pasadizo conectaban a la salida. Un callejón le recordaba sus mejores años. En los que no sabía del estrés ni de la vejez.
El trabajo había terminado, pero a él no le parecía importar. Estaba acostumbrado a no tener vacaciones, y si las tenía eran interrumpidas por un proyecto que no podía dejar pasar por la paga que recibiría. Aunque mal esposo siempre fue responsable con sus hijos y con su madre.

Por alguna razón, comúnmente llamamos intuición, a esa emoción indescriptible que no es certeza ni contrariedad, él sentía la esperanza de tener un tiempo para descansar y renovarse de energía. Quizás fue el espejo, o el callejón, quizás fue su pensar o sus recuerdos que lo reanimaron esa mañana. Sin dudarlo se fue a dar un paseo por la ciudad. El clima era perfecto, él nunca gustó del calor, siempre decía que el invierno era la mejor de las estaciones. Paso por un parque donde habían colocado varios puestos de libros. Él pensó comprar alguno y leerlo, hace mucho que no lo hacía. Le dio curiosidad leer la literatura nacional, se dirigió al puesto de escritores locales. De entre todos le gustó el que tenía por título, “El viaje de las mentiras”, una serie de relatos de diversos autores, y le era muy interesante por compilar reportajes locales que habían sido exagerados en su publicación pero que en el libro contaban la verdadera historia. Cada una tenía el contacto del escritor para que el lector pueda conocerlo si quisiese.

Para su sorpresa, uno de los relatos había sido firmado por una compañera de la universidad, ella se había dedicado al periodismo y al parecer era escritora también. La recordó con tanta nobleza que sin darse cuenta suspiró. No solo por lo bella y divertida que era, sino también porque la universidad fue un mundo del que nunca quiso salir. Se preguntaba si lo recordaría, quizás había la posibilidad de visitarla, eso también le hizo pensar que era un buen día para reencontrarse con los viejos amigos y dejar la soledad por un momento, que bien que mal lo había hecho un hombre.

Siempre fue muy querido entre sus colegas, el tomo la decisión de alejarse por llevar una vida ordenada y concentrada a sus proyectos. Pero no había otra cosa más que lo separase de ellos. Pensaba que podía volver a verlos cuando él quisiera. Bastaría una llamada para coordinar un encuentro. Y así fue. Busco en su agenda e hizo la primera llamada. Atendieron de inmediato, era su colega que estaba de cumpleaños. Sin dejarlo hablar le agradeció por haberlo llamado y que lo invitaba a su casa a pasar la tarde. Era como si todo se acomodara, era como si tener esperanza hubiera servido para cambiar el ritmo que llevaba.

Volvió a casa, tenía que recordar como alistarse para una fiesta, y con ello, estaba de vacaciones, sus amigos estarían ahí, gente que no veía hace años. Tomo un baño de agua caliente, se afeitó, se puso un perfume abandonado, combino colores de sus prendas y con un peinado que lo hacía parecer más joven salió al encuentro con una botella de vino en la mano. Llego al lugar, algo tímido toco el timbre, había mucha bulla, insistió, hasta que fue atendido por el cumpleañero. No podía creer que adentro un festín lo esperaba, muchos de sus amigos estaban ahí, y de saludo en saludo llego hasta la sonrisa y el abrazo sorpresivo de quien había escrito el relato, era su compañera de la universidad. Para ella habían pasado los años pero para mejor, su belleza lo hacía notar.

jueves, 7 de mayo de 2020

Sin Título (abril-2018)

Por Eddy Manini

Estaba sentado bajo la escalera esperando que anocheciera, mientras mi abuela descansaba. Hace unas semanas me instalé en su casa para acompañarla. Estaba a la espera de mi madre que traería los resultados, en ese transcurso yo recibía a mis tías y primas. Todos pasaban de frente a la cocina, estaba atento desde la puerta a que ella se despertase, aun nadie se recuperaba de la noticia de mi prima que tenía cáncer. Mi madre rápidamente se dirigió a la cocina, antes preguntó si seguía dormida, mire otra vez la puerta y lo confirme al instante. Todos estaban en la cocina, fui el último en llegar, me paré en la puerta para estar atento si despertaba. Mi madre comenzó abriendo un sobre, y llorando comenzó a leer los resultados, escuche sobre un tumor cerca al hígado, era una operación riesgosa para mi abuela, y su internamiento en el hospital era dentro de tres días, a partir de mañana. Todos comenzaron a llorar presumiendo que algo malo iba a suceder con la operación, ya era casi noche, el café estaba amargo, luego comenzaron a retirarse todos, mi abuela seguía durmiendo. Me recosté en la otra cama, la tv siempre estaba prendida, ella temía a la oscuridad. Con ella conversarían al día siguiente.

A las tres de la mañana se levantó y comenzó hablarme de su sueño, algo gracioso, no paramos hasta las cinco. Mi tía preparaba el desayuno. Al mediodía vendrá tú mamá -me dijo-, saqué a los perros a la calle, luego fui a comprar pan al mercado, cuando regrese a casa ya todo estaba listo, mientras tomábamos veíamos que las noticias estaban interesantes, mi tía se acerco a mi oído, hoy cocinaré “picante”, no lo podía decir delante de mi abuela, desde que entró en chequeos solo era comidas cero en grasas. A las once de la mañana fui donde mi tía Olga a recoger el almuerzo de mi abuela, consistía en gelatina, una papilla y fruta, cuando ya estuve devuelta mi madre ya había llegado a casa, le alcance el almuerzo, ella le daba de poco a poco, conversaban en ese transcurso. Estaba en el patio conversando con mis amigos, ese día tampoco fui a la Universidad, cuando mi tía se acercó al cuarto y junto con mi madre le contaron sobre los resultados y el internamiento en el hospital, yo escuchaba todo desde el patio, mi abuela sin hacer gesto alguno aceptó a que la internen en el hospital, era fuerte y ella así también lo sentía ante estas situaciones.

Cuando llegó el día, mi abuela tuvo un sueño muy prolongado y despertó tarde, mi madre vino temprano a la casa y esperó con calma a que despierte, mi abuela sugirió  que la internen al día siguiente, nadie reprochó nada, mi madre no fue al trabajo y se quedó a cocinar junto con mi tía, y yo sabiendo que ese día no la llevarían, fui a la Universidad. En el almuerzo les dije que en la tarde mis amigos me habían invitado a ver unas películas, mi prima se quedaría con la abuela en mi ausencia, y mi tía saldría también y llegaría en la noche. Ya con mi abuela a buen cuidado salí. Llegue al punto  de encuentro y me esperaban, caminamos hasta la casa de mi compañera, el aire estaba fresco.

Al promediar las siete de la noche mi prima me escribe al whatsapp:
-Gordo, dónde esta el agua, la abuela tiene sed.
-Está en la mesa enfrente de su cama, entre los perfumes.
-No hay nada, no está la botella.
-Yo vi la botella al mediodía, qué raro, y estaba llena. Hierve agua.
-Le daré mazamorra, tiene hambre... ¿A qué hora vendrás?
-Aún no, pero me apresuraré.

Luego me envió fotos de mi abuela sentada en la cama.

Seguía con la película de terror que escogieron, trataba de distraerme un poco, ver a mi abuela en esa situación para mí era bastante triste, me dolía mucho. Estaba pendiente del celular por cualquier duda de mi prima. A las nueve de la noche opte por retirarme, llegué a casa y mi tía ya había llegado, ella la cuidaba. Con  mi prima calentamos el almuerzo y nos fuimos al otro cuarto a ver los Simpson, después de media hora mi tía grito fuerte ¡Se nos va la mamá! ¡Chuchu, Bianca ayúdenme! Soltamos los platos que terminaron en el piso y corrimos, vi a mi abuela mal, no podía respirar, mi tía lloraba pidiendo auxilio, salí afuera, llamé a la ambulancia, mi prima corrió a la estación de bomberos que estaba a una cuadra de la casa, regresé adentro y mi abuela cogió mi mano, me apretaba mucho. No podía hablar, pero me miraba, llegaron a auxiliarla a los pocos minutos, con mi  tía la llevaron a emergencias, yo me quede en casa, llamé a mi madre, a mis tías contándoles todo, luego salí de casa asustado con dirección al hospital, cuando llegué mi hermana ya había llegado, no nos daban ninguna respuesta aún, mi madre llegó desesperada llorando preguntando insistentemente, luego nos informaron que la reanimaron de un paro cardíaco que sufrió; estábamos algo más calmados, nos dieron una lista para el internamiento, y esperamos sin remedio, ya no recibíamos noticias, y con mi prima por sugerencia de mi tía nos fuimos, mi prima también me siguió, tenía un parcial al día siguiente, a la una de la mañana nos regresamos a casa a descansar.

No puede dormir pensando en mi abuela. A las cuatro de la mañana mi tía llega, no me dice nada al principio, le pregunte otra vez por mi abuela ¿Cómo estaba?
-Se nos fue, tuvo otro paro cardiaco y no resistió.

BUS 44 (abril-2018)


Por Doris

Era un día común, entre soleado y nublado, como esos en los cuales no esperas que algo interesante suceda. No puedes imaginar mi desidia, llevo casi dos horas esperando el bus. Estoy exhausto y aburrido, ni las piedras logran entretenerme.

El lugar era desolado y a varios metros pude sentir el ruido del bus, mi corazón se aceleró por el rugir del motor y el crujir de las llantas en la pista al frenar, y haciendo gestos, extendiendo mis brazos a media carretera para no perder mi oportunidad.
-¡Hey! ¡Hey!- gritaba.

Afortunadamente se detuvo.

Cuando subí vi a una joven atractiva, relajada o quizás agotada de tanto conducir.
-Gracias, estuve esperando por dos horas- confesé.
-No hay problema- respondió. Bebió un sorbo de algo y le pague le pasaje. Vi a los demás pasajeros.
-¿Está bien si fumo? -pregunté.
-Bueno.

Di una pitada al cigarro, cuando tropecé mi vista con el carné de conductor.
-No eres tú. ¿Verdad?
-Perdí peso.
-Sustituyendo el turno de alguien más… este bus es bastante nuevo.
-Mejor toma asiento.

Era, a simple vista, una chica alegre, no sería una mala idea invitarla a salir o tomar un café, aunque sea al final del viaje, aunque conquistar a una bella dama no es tan sencillo. Busque un lugar, para sentarme y empecé a sentir el letargo del viaje.

Cuando unos gritos me despertaron abruptamente.
-¡Entreguen todo su dinero!- grito un tipo alto, vestido de blanco. ¿Qué están sordos? Todo lo que tengan.
-Rápido- gritó el otro, un tipo de estatura baja, -Tú, el dinero… comenzó a despojar a todos de sus pertenencias.
-Este bastardo no quiere dar su dinero.- dijo el más bajo.
-¿Quién? ¿Quieres estar en problemas?- dijo el otro.
-¡No!- lo defendió la chica.

Entonces lo golpearon. Y nos amenazaron. Ya se disponían a irse, pero el de blanco se detuvo -¡Vámonos!- insistió el otro. Fue cuando a jalones se llevó a la mujer que le suplicaba la dejara, pedía ayuda, que por favor la dejara.
-Nadie se mueva- dijo el cómplice.

La golpeó, y la arrastro hacia los adentros de la vegetación.
-¿Por qué están todos sentados?- pregunté, indignado al ver la indiferencia de todos, eran tantos y nadie se atrevía a hacer nada, les di una mirada represiva, yo no podía  quedarme con los brazos cruzados, tenía que hacer algo por ella. Corrí y alcance al más bajo, pero me golpeo en el rostro, era mucho más  fuerte, tenía un cuchillo, con el cual rasgó mi pierna, dejándome herido, luego comenzó a patearme. Oía los alaridos de la mujer hasta que se detuvo, comprendí que ya se habían ido y ella logro volver al bus.
-¿Estás bien?- pregunté… su mirada desprendía odio. Lo siento.
-Vete-. Creí no entender lo que decía.
-Dije que te vayas-. Esto debe ser una broma. -¿De verdad me estás echando?- No podía entenderlo.
-¿Por qué? Yo solo quería ayudarte.

Dio un respingo y me cerró la puerta en la cara. Sacó mis cosas por la ventana y se marchó, dejándome adolorido y confundido en la nada.

Seguí caminando, realmente hoy no fue un día común, los sucesos de hoy me han dejado realmente atribulado. Un alma piadosa me llevó en su auto, cuando una patrulla que se detuvo en un probable accidente llamo nuestra atención. Decidí acercarme. Y en el desconcierto oí al oficial conversando con su interlocutor, entonces, entendí, que un bus se había accidentado. ¿Podría ser? Sí, sí era. El bus 44, el bus en el que viajé. Todos perecieron, incluso ella. Fue cuando logré entender. Me salvo la vida. Hoy es uno de esos días que no olvidaras porque una pequeña decisión logró salvarte la vida.

Suerte del otro (abril-2018)

Por Jessica Valdez

Era de color gris payne y sus alas revoloteaban ágiles,  se posó sobre una miga de pan, miraba a su alrededor, levanto las alas y fue tras las sobras dulces de la chocolatada que posaba sobre la mesa, miraba por todos lados, sus ojos se multiplicaban tratando de encontrar el dulzor a su alrededor. Sobrevoló nuevamente por la cabeza de aquel joven que yacía leyendo el periódico.

La mosca se paró sobre el foco, miraba de arriba con un ángulo de 360 grados. Luego se asomaba a los pies de aquel individuo, la mosca siente una ráfaga helada de aire y una mano gigante viniendo hacia ella. Sin embargo logra esquivarlo. La mosca hizo entonces un recorrido por toda la habitación, parándose sobre la pared blanca frotando sus negras y peludas patas entre sí. Parecía tranquilizarse por tremendo susto que había llevado.

Fue hacia la taza a beber aquel néctar dulce que se concentraba en el fondo, el calor era insoportable, entonces suena el ventilador, giraba en forma ondulante haciendo difícil el viaje del bicho alado.

La mosca emprende el vuelo nuevamente siendo atraída por un olor en particular, muy dulce, la mosca se dio cuenta de que aquel dulce se ocultaba dentro de una caja detrás del ventilador, y que sería arduo llegar hasta ella. La mosca que parada sobre la cabecera de la cama parecía planear con sus patas, alguna triquiñuela que la ayudasen a traspasar aquel ventarrón sin salir herida, y de esta manera poder degustar aquel sabroso bocado. Se acercó al ventilador, pero el viento la golpeó estrepitosamente sobre la lámpara, y aún con vida se sigue lamiendo sus patas.

La mosca vuela hacia el techo para encontrar desde otra perspectiva alguna solución a su problema, el olor de aquella caja era increíble. Mientras el ventilador iba de derecha a izquierda, de arriba abajo la mosca planeaba el mejor vuelo de su corta vida, pero cae nuevamente sobre la tela áspera de la cama, al cabo de unos minutos la mosca volaba decidida hacia su objetivo, eran los segundos precisos antes de que el ventilador voltease a empujarla con su viento helado.

Con mucha valentía logra atravesar el ventilador, era aquella una misión cumplida para la mosca que sacudía sus patitas traseras y limpiaba las delanteras con su hocico largo y negro, luego la mosca solo atinaba a succionar aquel manjar. Terminada la comilona frotaba sus patitas en señal de victoria y como quien se chupa hasta el último dedo. El pequeño bicho parado sobre la caja, se frota las patas y sus alas se restriegan entre ellas, entonces emprende el vuelo pero una mala maniobra hace que salga disparada hacia una vieja tela de araña.

Taller introducción a la investigación

Muchos ingresantes creen que investigar empieza cuando uno “elige un tema”. Pero la verdad es otra: investigar comienza mucho antes… en cómo...