Por Doris
Era
un día común, entre soleado y nublado, como esos en los cuales no
esperas que algo interesante suceda. No puedes imaginar mi desidia,
llevo casi dos horas esperando el bus. Estoy exhausto y aburrido, ni las
piedras logran entretenerme.
El lugar era desolado y a
varios metros pude sentir el ruido del bus, mi corazón se aceleró por
el rugir del motor y el crujir de las llantas en la pista al frenar, y
haciendo gestos, extendiendo mis brazos a media carretera para no perder
mi oportunidad.
-¡Hey! ¡Hey!- gritaba.
Afortunadamente se detuvo.
Cuando subí vi a una joven atractiva, relajada o quizás agotada de tanto conducir.
-Gracias, estuve esperando por dos horas- confesé.
-No hay problema- respondió. Bebió un sorbo de algo y le pague le pasaje. Vi a los demás pasajeros.
-¿Está bien si fumo? -pregunté.
-Bueno.
Di una pitada al cigarro, cuando tropecé mi vista con el carné de conductor.
-No eres tú. ¿Verdad?
-Perdí peso.
-Sustituyendo el turno de alguien más… este bus es bastante nuevo.
-Mejor toma asiento.
Era,
a simple vista, una chica alegre, no sería una mala idea invitarla a
salir o tomar un café, aunque sea al final del viaje, aunque conquistar a
una bella dama no es tan sencillo. Busque un lugar, para sentarme y
empecé a sentir el letargo del viaje.
Cuando unos gritos me despertaron abruptamente.
-¡Entreguen todo su dinero!- grito un tipo alto, vestido de blanco. ¿Qué están sordos? Todo lo que tengan.
-Rápido- gritó el otro, un tipo de estatura baja, -Tú, el dinero… comenzó a despojar a todos de sus pertenencias.
-Este bastardo no quiere dar su dinero.- dijo el más bajo.
-¿Quién? ¿Quieres estar en problemas?- dijo el otro.
-¡No!- lo defendió la chica.
Entonces
lo golpearon. Y nos amenazaron. Ya se disponían a irse, pero el de
blanco se detuvo -¡Vámonos!- insistió el otro. Fue cuando a jalones se
llevó a la mujer que le suplicaba la dejara, pedía ayuda, que por favor
la dejara.
-Nadie se mueva- dijo el cómplice.
La golpeó, y la arrastro hacia los adentros de la vegetación.
-¿Por
qué están todos sentados?- pregunté, indignado al ver la indiferencia
de todos, eran tantos y nadie se atrevía a hacer nada, les di una mirada
represiva, yo no podía quedarme con los brazos cruzados, tenía que
hacer algo por ella. Corrí y alcance al más bajo, pero me golpeo en el
rostro, era mucho más fuerte, tenía un cuchillo, con el cual rasgó mi
pierna, dejándome herido, luego comenzó a patearme. Oía los alaridos de
la mujer hasta que se detuvo, comprendí que ya se habían ido y ella
logro volver al bus.
-¿Estás bien?- pregunté… su mirada desprendía odio. Lo siento.
-Vete-. Creí no entender lo que decía.
-Dije que te vayas-. Esto debe ser una broma. -¿De verdad me estás echando?- No podía entenderlo.
-¿Por qué? Yo solo quería ayudarte.
Dio
un respingo y me cerró la puerta en la cara. Sacó mis cosas por la
ventana y se marchó, dejándome adolorido y confundido en la nada.
Seguí
caminando, realmente hoy no fue un día común, los sucesos de hoy me han
dejado realmente atribulado. Un alma piadosa me llevó en su auto,
cuando una patrulla que se detuvo en un probable accidente llamo nuestra
atención. Decidí acercarme. Y en el desconcierto oí al oficial
conversando con su interlocutor, entonces, entendí, que un bus se había
accidentado. ¿Podría ser? Sí, sí era. El bus 44, el bus en el que viajé.
Todos perecieron, incluso ella. Fue cuando logré entender. Me salvo la
vida. Hoy es uno de esos días que no olvidaras porque una pequeña
decisión logró salvarte la vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario