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Taller de Creación Textos tiene por finalidad ayudar a las personas a consolidar sus impulsos creativos en un relato. Este proceso dura diez semanas donde no necesita tener conocimientos previos de literatura o escritura, solo las ganas de querer escribir. Partimos de la idea de que todos tenemos un estilo oculto en el fárrago y por medio de los ejercicios iremos depurando lo que está demás, dejando solo la voz del autor. Durante dos años hemos venido desarrollando el taller para jóvenes y adultos interesados, es un trabajo complejo porque la mayor complicación es la predisposición a escribir, las personas que ingresan vienen con la idea de que solo con teoría lograrán algo y no es así, se enfrentan a una autocensura innecesaria, para luego enfrentarse al hecho de ¿Cómo empezar? En este período hemos conseguido que la mayoría de los participantes logre escribir un relato de manera coherente, puntual y sobre todo desde su estilo (voz), ya solo dejamos en ellos la responsabilidad de darle carácter a su escritura por medio de la lectura constante y el oficio de seguir escribiendo.






jueves, 7 de mayo de 2020

BUS 44 (abril-2018)


Por Doris

Era un día común, entre soleado y nublado, como esos en los cuales no esperas que algo interesante suceda. No puedes imaginar mi desidia, llevo casi dos horas esperando el bus. Estoy exhausto y aburrido, ni las piedras logran entretenerme.

El lugar era desolado y a varios metros pude sentir el ruido del bus, mi corazón se aceleró por el rugir del motor y el crujir de las llantas en la pista al frenar, y haciendo gestos, extendiendo mis brazos a media carretera para no perder mi oportunidad.
-¡Hey! ¡Hey!- gritaba.

Afortunadamente se detuvo.

Cuando subí vi a una joven atractiva, relajada o quizás agotada de tanto conducir.
-Gracias, estuve esperando por dos horas- confesé.
-No hay problema- respondió. Bebió un sorbo de algo y le pague le pasaje. Vi a los demás pasajeros.
-¿Está bien si fumo? -pregunté.
-Bueno.

Di una pitada al cigarro, cuando tropecé mi vista con el carné de conductor.
-No eres tú. ¿Verdad?
-Perdí peso.
-Sustituyendo el turno de alguien más… este bus es bastante nuevo.
-Mejor toma asiento.

Era, a simple vista, una chica alegre, no sería una mala idea invitarla a salir o tomar un café, aunque sea al final del viaje, aunque conquistar a una bella dama no es tan sencillo. Busque un lugar, para sentarme y empecé a sentir el letargo del viaje.

Cuando unos gritos me despertaron abruptamente.
-¡Entreguen todo su dinero!- grito un tipo alto, vestido de blanco. ¿Qué están sordos? Todo lo que tengan.
-Rápido- gritó el otro, un tipo de estatura baja, -Tú, el dinero… comenzó a despojar a todos de sus pertenencias.
-Este bastardo no quiere dar su dinero.- dijo el más bajo.
-¿Quién? ¿Quieres estar en problemas?- dijo el otro.
-¡No!- lo defendió la chica.

Entonces lo golpearon. Y nos amenazaron. Ya se disponían a irse, pero el de blanco se detuvo -¡Vámonos!- insistió el otro. Fue cuando a jalones se llevó a la mujer que le suplicaba la dejara, pedía ayuda, que por favor la dejara.
-Nadie se mueva- dijo el cómplice.

La golpeó, y la arrastro hacia los adentros de la vegetación.
-¿Por qué están todos sentados?- pregunté, indignado al ver la indiferencia de todos, eran tantos y nadie se atrevía a hacer nada, les di una mirada represiva, yo no podía  quedarme con los brazos cruzados, tenía que hacer algo por ella. Corrí y alcance al más bajo, pero me golpeo en el rostro, era mucho más  fuerte, tenía un cuchillo, con el cual rasgó mi pierna, dejándome herido, luego comenzó a patearme. Oía los alaridos de la mujer hasta que se detuvo, comprendí que ya se habían ido y ella logro volver al bus.
-¿Estás bien?- pregunté… su mirada desprendía odio. Lo siento.
-Vete-. Creí no entender lo que decía.
-Dije que te vayas-. Esto debe ser una broma. -¿De verdad me estás echando?- No podía entenderlo.
-¿Por qué? Yo solo quería ayudarte.

Dio un respingo y me cerró la puerta en la cara. Sacó mis cosas por la ventana y se marchó, dejándome adolorido y confundido en la nada.

Seguí caminando, realmente hoy no fue un día común, los sucesos de hoy me han dejado realmente atribulado. Un alma piadosa me llevó en su auto, cuando una patrulla que se detuvo en un probable accidente llamo nuestra atención. Decidí acercarme. Y en el desconcierto oí al oficial conversando con su interlocutor, entonces, entendí, que un bus se había accidentado. ¿Podría ser? Sí, sí era. El bus 44, el bus en el que viajé. Todos perecieron, incluso ella. Fue cuando logré entender. Me salvo la vida. Hoy es uno de esos días que no olvidaras porque una pequeña decisión logró salvarte la vida.

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