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Taller de Creación Textos tiene por finalidad ayudar a las personas a consolidar sus impulsos creativos en un relato. Este proceso dura diez semanas donde no necesita tener conocimientos previos de literatura o escritura, solo las ganas de querer escribir. Partimos de la idea de que todos tenemos un estilo oculto en el fárrago y por medio de los ejercicios iremos depurando lo que está demás, dejando solo la voz del autor. Durante dos años hemos venido desarrollando el taller para jóvenes y adultos interesados, es un trabajo complejo porque la mayor complicación es la predisposición a escribir, las personas que ingresan vienen con la idea de que solo con teoría lograrán algo y no es así, se enfrentan a una autocensura innecesaria, para luego enfrentarse al hecho de ¿Cómo empezar? En este período hemos conseguido que la mayoría de los participantes logre escribir un relato de manera coherente, puntual y sobre todo desde su estilo (voz), ya solo dejamos en ellos la responsabilidad de darle carácter a su escritura por medio de la lectura constante y el oficio de seguir escribiendo.






jueves, 7 de mayo de 2020

CAMINO A CASA (febrero-2019)

Por  Luisa Castellanos

Llegaría a las seis de la tarde, por lo que no hice otra cosa que observar atentamente a mi alrededor, estarían esperando también otras personas a fin de llegar a su destino. Demoraba en llegar y la espera me inquietaba de sobremanera. De pronto su luz me cegó y mecánicamente busqué hacerme espacio para ingresar a la “nave de los silencios”. La llamaba así porque la mayoría de personas dentro de ella, no hacían otra cosa que esperar en silencio, pálidos rostros agobiados por el letargo de los minutos, el cansancio del trajín no hacía otra cosa que convertirlos en seres desprovistos de cualquier esperanza, precisamente aquella nave no hacía otra cosa que refugiarlos en su camino a casa, así como a mí, en esa densa ruta me sentía distinta a los demás.

No logré ingresar fácilmente porque me empujaron hacia afuera en su afán de querer ser los primeros y ocupar un mejor lugar, los cuerpos hicieron que me aferrara a la idea de que aquella nave llevaba seres indóciles, carentes de bondad, así lo veía en cada rostro, cada gesto y yo era uno de aquellos viajeros en la “nave de los silencios”.

Una vez en el interior pude confirmar mis ideas, era como ver en esos rostros una desdicha planificada, asistía verdaderamente a un lugar insensible, donde el tiempo se agotaba como la vida, exactamente era un lugar callado, pero no del silencio que sugiere no escuchar sino del que va más allá, la lucha del silencio sobre otro que se espera llegue solo tras la muerte. No podría explicarlo, pero en aquella noche identifiqué a alguien que podría llegar a salvarse, a primera vista parecía normal, un tipo de color, alto y con anteojos a quien no parecía importarle estar ahí, en esa prisión de silencio. Me puse los audífonos dispuesta a librarme del aburrimiento, admiré algunas fisonomías resaltantes, un hombre obeso perdido en sus pensamientos, una rubia exageradamente delgada jugando con su chicle mortificada, un hombre de edad sumido en un sueño quizás con la intención de huir de aquel viaje, un asiático de pie junto a una anciana de rostro preocupado. Fue la ocasión de crear una ruptura de esa imagen irremediable, llegué a imaginar que el hombre de rasgos asiáticos la asesinaba  a la anciana de un disparo, solamente para ocupar su lugar en el bus, creaba estas situaciones para no decaer como los demás, quería superar esa travesía que me llevaría a casa.

Las personas empezaban a descender de la nave, pasando por el pasadizo, los cuerpos se aglomeraron y justo cerca de mí, el hombre de color que refulgía una esperanza, se detuvo. Llegamos hasta rozarnos por una frenada del autobús, sus manos irradiaban un aliento de vida, tal vez no lo sabía porque continuaba indiferente. Entonces decidí despertarlo de su insomnio, aquella nave hacía que las cosas tomaran un rumbo adormecido y empezaría ayudando a aquel hombre, despertando un sentimiento que pudiera conmover su corazón, él necesitaba sentir ese aliento de vida y yo también despertaría una ilusión, rebelándome a la atmósfera reinante. En aquella “nave de los silencios” empezaba a brotar un amor desconocido, primero nos tomamos de la mano y luego hablaron nuestros corazones, y cuando apenas empezábamos, los seres insensibles nos arrebataron el contacto con la violencia de sus formas, no pudimos hablar, estaba prohibido en esa embarcación, apenas nuestros rostros ensayaron una despedida. No podía negar que llegué a alegrarme por tal encuentro, no todo en la nave estaba perdido, había una flama que podía prenderse cuando lo quisiera. Gracias al tipo, nos salvamos mutuamente. El amor había sido recíproco, pero duró unos segundos, había valido la pena encontrarlo.

Para ponerle fin a mi viaje inventé unos pasos de baile algo absurdos, los protagonistas como siempre eran los pasajeros, rompiendo su rutina demostraban una especial felicidad que les sentaba a la perfección. Verlos transfigurados de esa manera me hizo creer que podía haber salvación, para mí, para el hombre de color, para todos. ¿Cuántos viajes así me esperaban? ¿Cuántas imágenes fatuas vería? ¿Llegaría de nuevo a sentir la vida o el amor en la “nave del olvido”? Mi camino a casa era tan común como los demás mortales.

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