Por Tatyana Zevallos Cancinos
La mañana era perfecta, sol resplandeciente, aire fresco proveniente del jardín de jazmines, rocío en abundancia para aliviar la sed de un ejército de mariposas guerreras.
Lo más hermoso del Reino de las mariposas, es el inmenso árbol arcoíris que crece en el medio, de ahí parten miles de ramificaciones que da origen a pequeños grupos organizados de familias, cada una con sus costumbres y tradiciones peculiares.
La pequeña mariposa “Cometa” no podía ser amiga de la imponente mariposa “Cristal”, o había muchas riñas familiares con las especies “Monarca”, QUE A SU VEZ NO EMPATIZABAN CON la familia de la mariposa “Atlas” QUE TAMBIÉN NO ERAN BIEN VISTAS POR la familia de la mariposa “Zafiro”.
Así transcurrían los días, algunas veces había disputas entre familias distintas; otros días la labor era aprender a formar capullos; competencia de belleza; olimpiadas atléticas entre poblados. Algunas competencias son así: quién brillaba más frente al espejo de agua formado por la catarata (no todas se atrevían a ir por miedo a las grandes y mortales gotas de agua); volar encima del pantano de las ranas gigantes; o peor aún… ir al otro lado del bosque, donde habitaba el más mortal de los animales: la araña viuda negra.
Llegó por fin el día de las olimpiadas, todas estaban muy ansiosas, se habían preparado todo el año para ganar el gran premio: la flor más hermosa de todo el reino, con el néctar más dulce y delicioso, tenía unos colores embriagadores, el solo hecho de sentir su fragancia, era como transportarse a otro universo de perfección y armonía.
Después de una larga jornada, se anunció la prueba final, la de rescatar la oruga hecha con rayos de luna que estaba escondida en el reino de las arañas, no cualquiera podía encontrarla, dentro de las competidoras estaba la pequeña “Cometa”, pero de pronto se dio cuenta de que no tenía su pulsera de la suerte, ¡la había olvidado!
Faltaba aún para que empiece esta última prueba, que era la más difícil, se corrió el rumor que Cometa no lograría cumplir el reto debido a que confiaba demasiado en su amuleto, según ella era la fuente de poder de su agilidad, estaba muy triste; esto llegó a oídos de su mejor amiga, la mariposita “Cristal” que se encontraba cerca al poblado de la pequeña Cometa (eran amigas en secreto porque no entendían ellas que por disputas familiares antiguas, tuvieran que deshacer tan hermosa amistad) y decidió ayudarla.
Pero Cristal no es tan rápida... y como su nombre lo indica, muy frágil, incapaz de llegar hasta donde su amiga, entonces vio que estaba cerca la mariposa “Zafiro”, ella sí que es imponente, rápida, no tiene miedo a nada y sobre todo era muy bondadosa, su nombre es debido a que es tan hermosa que parece la inspiración de esa piedra preciosa, con un azul tan intenso, que se puede confundir con cualquier flor.
Entonces Cristal le imploró a Zafiro que llevara la pulsera hasta donde estaba Cometa, que hiciera a un lado las disputas familiares; le dijo que ellas pueden terminar con esas riñas inútiles, solo es cuestión de decisión, y era el momento de hacerlo. Zafiro accedió y partió con la pulsera de la suerte rumbo al valle de las arañas, no sin antes prometer que llegaría a su destino, sin detenerse, lo más rápido posible.
Cuando estaba volando sobre el pantano de las ranas, una de ellas, al ver a la hermosa mariposa Zafiro, comenzó a cantar, tenía una voz preciosa. La mariposita Zafiro por un momento olvidó su promesa y se detuvo a escuchar tan bello concierto de la rana “punta de flecha”. Luego de un par de canciones, la rana empezó a hablarle, le pregunto qué hacía por esos lares, siempre con su dulce voz melodiosa. La mariposita le explicó que tenía que llegar donde su amiga y entregarle su brazalete de la suerte; la ranita se imaginó lo jugosas que serían muchas mariposas en su estómago, especialmente la mariposa Cometa, ya que el sabor era su preferido.
Entonces ofreció su compañía a Zafiro, y le dijo que cantaría para ella mientras llegaban a su destino; la mariposita Zafiro, que era muy bondadosa y buena, aceptó confiar en la rana y siguieron el camino rumbo a auxiliar a Cometita.
Mientras tanto, la mariposa Cometita tuvo que competir sin su amuleto de la suerte, el tiempo le había ganado, ya no podía esperar más, y decidió que ella era más fuerte que un amuleto, que su agilidad y valor estaba en todas las horas de esfuerzo y disciplina en su entrenamiento, y tanta dedicación no podía ser opacadas por un brazalete; es cierto que el brazalete era su preferido, pero se convenció a si misma que podía ganar si se lo proponía... y ¡lo hizo! Logró encontrar el capullo mágico en el reino de las arañas y salir victoriosa.
Cuando llegaron Zafiro y la rana punta de flecha a la premiación donde estaba Cometa, Zafiro fue volando a entregarle la pulsera a su dueña y mientras Cometa le contaba todo el valor que había tomado para ganar el reto, de repente sintieron ambas una gran lengua áspera que las envolvía y las arrastraba, no solo a ellas sino también a dos mariposas más de las especies Monarca y Atlas, terminaron juntas dentro del estómago de este ser vil que las engañó.
De repente pasó algo inesperado, todas las mariposas que presenciaron la escena, que eran de familias distintas, peleadas por generaciones, decidieron ir y ayudarlas, pasaron de ser decenas a cientos de mariposas en pocos segundos, empezaron a morder y morder la panza de la rana hasta que lograron abrirla y liberar a esas pobres maripositas inocentes que confiaron en su depredador, y entre todas, llevaron volando a esta mala rana hasta la guarida de la araña viuda negra, para que se dé un gran banquete y así fue el fin de la rana mentirosa.
Ese día cambió el rumbo de la historia, se rompieron esas disputas sin fundamentos entre las familias de mariposas, se dieron la oportunidad de conocerse, de entablar amistades, y de colaboración mutua. A partir de ese día todo fue armonía y felicidad.
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