4. DECIR, MOSTRAR
Nos ha
ocurrido que en algún momento hemos tenido una necesidad rara de contar algo y
el temor a escribir nos colma, pero detengámonos un momento en la pregunta
¿Cuál es el inconveniente si escribo? No debemos reprimir ese ímpetu, porque
crees que no vas a llegar a algo, nadie avanza si no camina. Da el primer paso,
esbozando algo, ten en cuenta que tienes que ‘mostrar’ lo que quieres contar, a
diferencia de decir. Un ejemplo de ‘mostrar’ encontraremos en Neruda: «Quiero
hacer contigo / lo que la primavera hace con los cerezos». La sutileza de la
metáfora sugiere muchas cosas. Pero en narrativa el empleo de metáforas no es
el objetivo, porque para tocar al lector necesitaremos otro tratamiento más
directo.
Aquella tarde se levantó un viento que trajo
ráfagas de lluvia e hizo que los patos alzaran el vuelo del lago en negras
explosiones y buscaran las apacibles hondonadas inmersas en el bosque.
RAYMOND CARVER, Los patos
No es cosa
como para verla y no contarla, sobre todo cuando yo estuve allí contando las
estrellas, las mismas que se estuvieron alumbrando aquella soledad de caminos y
trillos hechos a fuerza de pies descalzos (cuando lo que había que usar eran
botas duras), durante todos los años en que la oscuridad se enseñoreó hasta las
cimas.
HUGO CHINEA, A la luz de las antorchas
Y sí, parece
que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al
Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de
sábana y boca pastosa, casi en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando
el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho
cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño
que otra vez me tira hacia abajo.
JULIO CORTÁZAR, El río
Adolfo Bioy
Casares ha insistido en que el arte de escribir cuentos es un poco como el arte
del cocinero: “escribimos para el paladar, para ser agradables a quien lee”,
pero también es válida la idea que plantea Rubem Fonseca al decir que “El escritor debe tener coraje. Coraje para
decir lo que no puede ser dicho, lo prohibido, lo que nadie quiere oír”. Ambas
ideas apuntan a lo mismo, ser agradable al lector, pero para ello como precisa Fonseca es necesario tener “Motivación
y paciencia. No la paciencia pensada como una resignación conformista sino como
la capacidad de perseverar, de enfrentar las interminables dificultades que se
encuentra al escribir. La paciencia de corregir, de cortar textos, de procurar
“le mot juste” (la palabra exacta) que decía Flaubert”.
Entonces, cuando estamos en el momento de proyectar nuestra historia
debemos ser consciente sobre la brevedad del cuento, y pensar en tener una
narración fluida, sin adjetivos excesivos ni descripciones detalladas. Pero
estando alerta de saber eliminar aquellos detalles cotidianos inútiles,
informativos o evidentes. (Guillermo Samperio)
Cabe señalar
que la buena literatura es la que tiene una profunda carga evocadora. El
término «evocación» tiene mucho que ver
con recuerdo. Cuando la palabra está tan
bien puesta en el papel que es capaz de tirar de mi memoria, y hace presente
tales o cuales recuerdos, me evoca tal o cual asunto, es que ese texto me está
mostrando algo que no está propiamente dicho en el papel. Está aunque no lo
diga. Ése es el motivo por el cual a veces hay determinadas frases que nos
seducen por su belleza. Están evocándonos (y provocándonos) sensaciones
que quizá sólo tienen que ver conmigo y
no con los demás lectores. Una frase bien escrita (recuerda el primer capítulo), en un contexto
narrativo o poético, nos parece ya no sólo llena de palabras, sino llena de
otras muchas cosas (fuerza, belleza...).
Ejem.
Yo
trabajaba en un diario popular como repórter de casos policiacos. Hace mucho
tiempo que no ocurría en la ciudad un crimen interesante, que envolviera a una
rica y linda joven de la sociedad, muertes, desapariciones, corrupción,
mentiras, sexo, ambición, dinero, violencia, escándalo.
Crimen
así ni en Roma, París, Nueva York, decía el editor del diario, estamos en un mal
momento. Pero dentro de poco cambiará. La cosa es cíclica, cuando menos lo
esperamos estalla uno de aquellos escándalos que da materia para un año. Todo
está podrido, a punto, es cosa de esperar.
Antes
de que estallara me corrieron. Solamente hay pequeño comerciante matando socio,
pequeño bandido matando a pequeño comerciante, policía matando a pequeño
bandido. Cosas pequeñas, le dije a Oswaldo Peçanha, editor-jefe y propietario
del diario Mujer.
RUBEM
FONSECA, Corazones solitarios
5. ATMOSFERA Y TENSIÓN
Empezar
bien, es mantener la calma con la plena conciencia de que lo que escribimos
toque al lector según nuestra intención, porque lo que escribamos debe alterar
al lector de cualquier forma, ya sea enamorándole, haciéndole reír, llorar o
temer. Toda historia debe ambientarse para trasladar al lector ese sentimiento
que queremos transmitir. De esta manera conseguimos que sea más creíble.
Vamos a
dar algún ejemplo. Si en una historia de terror colocamos al personaje en una
habitación iluminada, con una agradable brisa, ¿qué estamos transmitiendo?
Miedo no, desde luego. Una habitación bien iluminada, con brisa, tal vez que
huele a flores, nos transmite tranquilidad, es un lugar agradable. Es lo
contrario a lo que queríamos transmitir. Ahora describamos esta misma escena
con otra atmósfera. La oscuridad de la noche impedía que se vieran los
rincones. La tormenta había hecho que la ciudad se quedara sin electricidad.
Los truenos se oían cada vez más cercanos. El viento se colaba por las rendijas
de las puertas, susurrando, haciéndole girarse de vez en cuando para ver si
alguien estaba tras él. La madera, con la humedad, crujía, ¿o eran pasos? El
fuerte viento hizo que la puerta se cerrara de golpe, sobresaltándole. Estaba
seguro que había alguien más en la casa.
Como
vemos, la atmósfera ha cambiado, es algo más tétrica. Estamos conduciendo al
lector a sentir miedo, le envolvemos en la atmósfera que queremos para
transmitirle esta sensación. Pero a veces, preocupados por crear verosimilitud,
incluimos más elementos de los que necesita el lector, a quien le gusta la
trama, la intriga, la adivinación, el misterio, todo lo que Ernest Hemingway
resume en su teoría del iceberg: lo más importante es lo que no se ve. Hay que
tener presente que la historia oculta se hace con lo no dicho, lo aludido, lo
que está sobreentendido. Y entre estos autores que se manejan con un mensaje no
dicho, tenemos a Cortázar donde plantea nexos complejos a través de sucesos a
veces cotidianos o extraordinarios. Algo que Flannery O’Connor explica
puntualmente de esta manera «Un cuento es un acontecimiento dramático que
implica a una persona, en tanto comparte con nosotros una condición humana
general, y en tanto se halla en una situación muy específica. Un cuento compromete, de un modo dramático, el misterio
de la personalidad humana, (…), donde uno debe ser capaz de descubrir algo en el cuento que escriba».
Mostrar ‘la
atmosfera’ en la historia estará ligada al desarrollo de la tensión, y mucho de lo que se relate mantendrá al lector en la
historia, ahora el relato desde el inicio plantea un ritmo y así mismo el
despliegue de la tensión que nos
conducirá al clímax. Los relatos de Poe en su mayoría se manejan en el
despliegue de esa tensión desde el inicio, la narración en primera persona, le
permite al autor expresarse casi de forma catártica como si fuera una confesión
y nosotros nos volvemos su cómplice en tanto fascinados seguimos el hilo de su discurso.
El cuento moderno comienza en alguna parte del conflicto desarrollado; este
principio, que ya oculta buena parte del conflicto, llevará al cuentista a
iniciarlo con cierto grado de tensión, el cual, por la propia necesidad de la
lectura, se irá incrementando paulatinamente hasta llegar al clímax. Para
Cortázar, un cuento falla cuando se escribe sin la tensión necesaria, que debe
manifestarse desde las primeras palabras.
En la gráfica muestra la
diferencia de dos eventos, pero estos en su desarrollo manejan en diferentes
niveles el despliegue de la atmósfera y la tensión:
EJERCICIO #6
-Seleccionar cinco imágenes y con ellas armar una historia.
-Observa las imágenes y apóyate en su composición para
ambientar la historia, tratando de mantener uniformidad.













No hay comentarios.:
Publicar un comentario