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Taller de Creación Textos tiene por finalidad ayudar a las personas a consolidar sus impulsos creativos en un relato. Este proceso dura diez semanas donde no necesita tener conocimientos previos de literatura o escritura, solo las ganas de querer escribir. Partimos de la idea de que todos tenemos un estilo oculto en el fárrago y por medio de los ejercicios iremos depurando lo que está demás, dejando solo la voz del autor. Durante dos años hemos venido desarrollando el taller para jóvenes y adultos interesados, es un trabajo complejo porque la mayor complicación es la predisposición a escribir, las personas que ingresan vienen con la idea de que solo con teoría lograrán algo y no es así, se enfrentan a una autocensura innecesaria, para luego enfrentarse al hecho de ¿Cómo empezar? En este período hemos conseguido que la mayoría de los participantes logre escribir un relato de manera coherente, puntual y sobre todo desde su estilo (voz), ya solo dejamos en ellos la responsabilidad de darle carácter a su escritura por medio de la lectura constante y el oficio de seguir escribiendo.






viernes, 22 de mayo de 2020

SESIÓN 04

4. DECIR, MOSTRAR

Nos ha ocurrido que en algún momento hemos tenido una necesidad rara de contar algo y el temor a escribir nos colma, pero detengámonos un momento en la pregunta ¿Cuál es el inconveniente si escribo? No debemos reprimir ese ímpetu, porque crees que no vas a llegar a algo, nadie avanza si no camina. Da el primer paso, esbozando algo, ten en cuenta que tienes que ‘mostrar’ lo que quieres contar, a diferencia de decir. Un ejemplo de ‘mostrar’ encontraremos en Neruda: «Quiero hacer contigo / lo que la primavera hace con los cerezos». La sutileza de la metáfora sugiere muchas cosas. Pero en narrativa el empleo de metáforas no es el objetivo, porque para tocar al lector necesitaremos otro tratamiento más directo.
 Aquella tarde se levantó un viento que trajo ráfagas de lluvia e hizo que los patos alzaran el vuelo del lago en negras explosiones y buscaran las apacibles hondonadas inmersas en el bosque.
RAYMOND CARVER, Los patos
 No es cosa como para verla y no contarla, sobre todo cuando yo estuve allí contando las estrellas, las mismas que se estuvieron alumbrando aquella soledad de caminos y trillos hechos a fuerza de pies descalzos (cuando lo que había que usar eran botas duras), durante todos los años en que la oscuridad se enseñoreó hasta las cimas.
HUGO CHINEA, A la luz de las antorchas
 Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo.
JULIO CORTÁZAR, El río
         Adolfo Bioy Casares ha insistido en que el arte de escribir cuentos es un poco como el arte del cocinero: “escribimos para el paladar, para ser agradables a quien lee”, pero también es válida la idea que plantea Rubem Fonseca al decir que  “El escritor debe tener coraje. Coraje para decir lo que no puede ser dicho, lo prohibido, lo que nadie quiere oír”. Ambas ideas apuntan a lo mismo, ser agradable al lector, pero para ello  como precisa Fonseca es necesario tener “Motivación y paciencia. No la paciencia pensada como una resignación conformista sino como la capacidad de perseverar, de enfrentar las interminables dificultades que se encuentra al escribir. La paciencia de corregir, de cortar textos, de procurar “le mot juste” (la palabra exacta) que decía Flaubert”.
         Entonces, cuando estamos en el momento de proyectar nuestra historia debemos ser consciente sobre la brevedad del cuento, y pensar en tener una narración fluida, sin adjetivos excesivos ni descripciones detalladas. Pero estando alerta de saber eliminar aquellos detalles cotidianos inútiles, informativos o evidentes. (Guillermo Samperio)

          Cabe señalar que la buena literatura es la que tiene una profunda carga evocadora. El término «evocación» tiene  mucho que ver con  recuerdo. Cuando la palabra está tan bien puesta en el papel que es capaz de tirar de mi memoria, y hace presente tales o cuales recuerdos, me evoca tal o cual asunto, es que ese texto me está mostrando algo que no está propiamente dicho en el papel. Está aunque no lo diga. Ése es el motivo por el cual a veces hay determinadas frases que nos seducen por su belleza. Están evocándonos (y provocándonos) sensaciones que  quizá sólo tienen que ver conmigo y no con los demás lectores. Una frase bien escrita  (recuerda el primer capítulo), en un contexto narrativo o poético, nos parece ya no sólo llena de palabras, sino llena de otras muchas cosas (fuerza, belleza...).
 Ejem.

Yo trabajaba en un diario popular como repórter de casos policiacos. Hace mucho tiempo que no ocurría en la ciudad un crimen interesante, que envolviera a una rica y linda joven de la sociedad, muertes, desapariciones, corrupción, mentiras, sexo, ambición, dinero, violencia, escándalo.
Crimen así ni en Roma, París, Nueva York, decía el editor del diario, estamos en un mal momento. Pero dentro de poco cambiará. La cosa es cíclica, cuando menos lo esperamos estalla uno de aquellos escándalos que da materia para un año. Todo está podrido, a punto, es cosa de esperar.
Antes de que estallara me corrieron. Solamente hay pequeño comerciante matando socio, pequeño bandido matando a pequeño comerciante, policía matando a pequeño bandido. Cosas pequeñas, le dije a Oswaldo Peçanha, editor-jefe y propietario del diario Mujer.
RUBEM FONSECA, Corazones solitarios

5. ATMOSFERA Y TENSIÓN

Empezar bien, es mantener la calma con la plena conciencia de que lo que escribimos toque al lector según nuestra intención, porque lo que escribamos debe alterar al lector de cualquier forma, ya sea enamorándole, haciéndole reír, llorar o temer. Toda historia debe ambientarse para trasladar al lector ese sentimiento que queremos transmitir. De esta manera conseguimos que sea más creíble.
 Vamos a dar algún ejemplo. Si en una historia de terror colocamos al personaje en una habitación iluminada, con una agradable brisa, ¿qué estamos transmitiendo? Miedo no, desde luego. Una habitación bien iluminada, con brisa, tal vez que huele a flores, nos transmite tranquilidad, es un lugar agradable. Es lo contrario a lo que queríamos transmitir. Ahora describamos esta misma escena con otra atmósfera. La oscuridad de la noche impedía que se vieran los rincones. La tormenta había hecho que la ciudad se quedara sin electricidad. Los truenos se oían cada vez más cercanos. El viento se colaba por las rendijas de las puertas, susurrando, haciéndole girarse de vez en cuando para ver si alguien estaba tras él. La madera, con la humedad, crujía, ¿o eran pasos? El fuerte viento hizo que la puerta se cerrara de golpe, sobresaltándole. Estaba seguro que había alguien más en la casa.
 Como vemos, la atmósfera ha cambiado, es algo más tétrica. Estamos conduciendo al lector a sentir miedo, le envolvemos en la atmósfera que queremos para transmitirle esta sensación. Pero a veces, preocupados por crear verosimilitud, incluimos más elementos de los que necesita el lector, a quien le gusta la trama, la intriga, la adivinación, el misterio, todo lo que Ernest Hemingway resume en su teoría del iceberg: lo más importante es lo que no se ve. Hay que tener presente que la historia oculta se hace con lo no dicho, lo aludido, lo que está sobreentendido. Y entre estos autores que se manejan con un mensaje no dicho, tenemos a Cortázar donde plantea nexos complejos a través de sucesos a veces cotidianos o extraordinarios. Algo que Flannery O’Connor explica puntualmente de esta manera «Un cuento es un acontecimiento dramático que implica a una persona, en tanto comparte con nosotros una condición humana general, y en tanto se halla en una situación muy específica. Un cuento compromete, de un modo dramático, el misterio de la personalidad humana, (…), donde uno debe ser capaz de descubrir algo en el cuento que escriba».
 Mostrar ‘la atmosfera’ en la historia estará ligada al desarrollo de la tensión, y mucho de lo que se relate mantendrá al lector en la historia, ahora el relato desde el inicio plantea un ritmo y así mismo el despliegue de la tensión que nos conducirá al clímax. Los relatos de Poe en su mayoría se manejan en el despliegue de esa tensión desde el inicio, la narración en primera persona, le permite al autor expresarse casi de forma catártica como si fuera una confesión y nosotros nos volvemos su cómplice en tanto fascinados seguimos el hilo de su discurso. El cuento moderno comienza en alguna parte del conflicto desarrollado; este principio, que ya oculta buena parte del conflicto, llevará al cuentista a iniciarlo con cierto grado de tensión, el cual, por la propia necesidad de la lectura, se irá incrementando paulatinamente hasta llegar al clímax. Para Cortázar, un cuento falla cuando se escribe sin la tensión necesaria, que debe manifestarse desde las primeras palabras.
          En la gráfica muestra la diferencia de dos eventos, pero estos en su desarrollo manejan en diferentes niveles el despliegue de la atmósfera y la tensión:
 
EJERCICIO #6
-Seleccionar cinco imágenes y con ellas armar una historia.
-Observa las imágenes y apóyate en su composición para ambientar la historia, tratando de mantener uniformidad.












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