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Taller de Creación Textos tiene por finalidad ayudar a las personas a consolidar sus impulsos creativos en un relato. Este proceso dura diez semanas donde no necesita tener conocimientos previos de literatura o escritura, solo las ganas de querer escribir. Partimos de la idea de que todos tenemos un estilo oculto en el fárrago y por medio de los ejercicios iremos depurando lo que está demás, dejando solo la voz del autor. Durante dos años hemos venido desarrollando el taller para jóvenes y adultos interesados, es un trabajo complejo porque la mayor complicación es la predisposición a escribir, las personas que ingresan vienen con la idea de que solo con teoría lograrán algo y no es así, se enfrentan a una autocensura innecesaria, para luego enfrentarse al hecho de ¿Cómo empezar? En este período hemos conseguido que la mayoría de los participantes logre escribir un relato de manera coherente, puntual y sobre todo desde su estilo (voz), ya solo dejamos en ellos la responsabilidad de darle carácter a su escritura por medio de la lectura constante y el oficio de seguir escribiendo.






viernes, 8 de mayo de 2020

TRÁFICO (marzo-2018)

Por Claudia Vaccaro

Cada vez que estoy atascada en el tráfico de la Avenida Javier Prado me siento miserable, sobre todo si es en bus, el camino es largo y estar parada todo el trayecto, cansa. Me estresa, porque todos estamos a la espera de un asiento libre, es casi como acechar una presa, aquí gana el más rápido. Esta vez estoy sentada en la combi rumbo a encontrarme con unas amigas, observo los colores en el cielo y me extraña que esté tan lindo, es Lima y aquí casi nunca sale el sol.

Esta imagen me recuerda el atardecer que captura toda la alameda en Tacna, mi ciudad. Una avenida larga, llena de palmeras y muchas veces de chilenos. Quizá la mejor hora para pasear es durante la madrugada, la bruma es densa, imposible de esquivar. Un frío delicioso se posa en tu rostro, las luces evocan vida nocturna, la típica nostalgia que se vive cada madrugada de sábado. Me aparto de mis pensamientos y recuerdo que voy tarde, no llevo reloj pero ya presiento que las chicas se molestarán conmigo porque me esperan. Por alguna razón nunca pude llevar una pulsera o reloj en la muñeca. Prefiero libertad en mis manos, los adornos pueden esperar. Mi excusa será que no vi la hora.

Llegué al café y empezamos a conversar, rápido todas sueltan las ideas para una Semana Santa de “reflexión”, eso implica harto alcohol. Es casi unánime la idea de ir a la playa, el sur de Lima es el punto ideal para la fiesta. Cómo explico que ya me aburrió lo mismo cada feriado largo. Sofía quiere tomar ron, Amanda y las demás aman la cerveza más que a nada, el Pisco será mi opción.

Cerramos el plan con la palabra yolo (You Only Live Once), antes esa frase me motivaba a no dejar de festejar la vida, ahora me causa ansiedad. ¿Cuánto tengo que vivir para cerrar el círculo de la juventud?, ¿Cuándo inicia el “ya viví”? ¿Estoy dónde debo estar? Dejo de cuestionarme todo, pienso en la playa que vamos a visitar y no me gusta, es imposible nadar ahí. Prometí no ser esas personas que solo van a la playa a tomar, el mar es muy importante para mí y además  me encanta bañarme. Así como en el lugar de mi infancia, Boca del Río, donde conozco cada roca, cada pocita, todo. Suspiro luego de recordar sus atardeceres y me empiezo a sentir tonta.

Sofía me pregunta si me pasa algo, respondo que no y me cree. La gente siempre prefiere creer lo que conviene. Nos subimos a la camioneta de Amanda, la reunión de coordinación fue un éxito, nadie peleó. Más allá de todas las ideas que pasan por mi cabeza, no dejo de agradecer tenerlas a mi lado, durante muchos años han sido mi compañía. Mientras las observo cantar una canción de Molotov a toda voz, me siento hasta un poco culpable de no estar tan animada. Estamos por la Avenida Pardo, apoyo mi cabeza en la luna de auto, me percato que empezó la llovizna típica de verano, me reconforta. ¿En qué momento me volví tan cojuda? Me pregunto eso mientras me uno al canto de Sofi y Amanda, “Gimme the power” siempre sube los ánimos.

Cuando llegamos a Barranco, entramos al primer bar que encontramos. Empezamos a tomar como si fuese concurso, solo que en este caso el premio es la resaca. Saltamos cuando suena The Strokes, siempre saltamos con la misma canción. Saludamos a un grupo de amigos y hacemos salud por la vida. Sin notarlo son las cuatro de la mañana, bajan el volumen de la música; nos están botando. Las chicas me dicen que la sigamos, pero entre el tráfico de la  Av. Javier Prado, el sentimiento de añoranza que me invadió todo el día prefiero ir a dormir. Pido el taxi por medio de una aplicación y me despedido. No sin antes recibir un abrazo grupal donde todas decretan que la Semana Santa va a estar de puta madre.

Al abrir la puerta de mi departamento me encuentro con un desorden que termina de fastidiar el sábado. Sin dudar me dirijo al patio, prendo el sexto cigarro y escuchó la noche apagarse. Una y otra vez fumó, de repente, como un golpe de humo en el pecho se viene una idea a mi cabeza. ¿Y si me voy de Lima?

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