C) Monólogo interior: Lo que vemos aquí es el flujo de conciencia del
protagonista, su pensamiento en bruto. Intenta dar verosimilitud a personajes
que de otra forma no la tendrían. Por ejemplo, en «El ruido y la furia»,
Faulkner pretende mostrar el retraso mental de un niño hablando como lo haría
en realidad un niño así. Otro ejemplo sería mostrar un estado onírico, o
alucinatorio, etc. El escritor en primera persona y monólogo interior opta por
reproducir de un modo realista esos estados de conciencia que no son los
normales, o bien para expresar sentimientos confusos, o ideas caóticas, etc.
Dentro de los distintos tipos de narradores, es de los más difíciles de
implementar.
A través de la cerca, entre los
huecos de las flores ensortijadas, yo los veía dar golpes. Venían hacia donde
estaba la bandera y yo los seguía desde la cerca. Luster estaba buscando entre
la hierba junto al árbol de las flores. Sacaban la bandera y daban golpes.
Luego volvieron a meter la bandera y se fueron al bancal y uno dio un golpe y
otro dio un golpe. Después siguieron y yo fui por la cerca y se pararon y
nosotros nos paramos y yo miré a través de la cerca mientras Luster buscaba entre
la hierba.
«Eh, caddie». Dio un golpe.
Atravesaron el prado. Yo me agarré a la cerca y los vi marcharse.
«Fíjese». dijo Luster. «Con
treinta y tres años que tiene y mire cómo se pone. Después de haberme ido hasta
el pueblo a comprarle la tarta. Deje de jimplar. Es que no me va a ayudar a
buscar los veinticinco centavos para poder ir yo a la función de esta noche».
El ruido y la
furia
6.2. Narrador
en segunda persona
Es uno de los
narradores menos utilizados, sobre todo debido a su dificultad técnica. No es
fácil mantener la atención del lector durante mucho tiempo con una segunda
persona. Pues todo el tiempo apela al lector y eso puede resultar cansado. Sin
embargo, este tipo de narrador es muy utilizado en momentos concretos, pues
aporta intensidad y fuerza por su naturaleza vocativa. La Caída de Albert Camus, o el reciente éxito editorial de Juan
Gómez Bárcena, Kanada, son dos
ejemplos de obras escritas con un tipo de narrador en segunda persona.
Fragmento de
la novela:
“El olor de la humedad, de las
plantas podridas, te envolverá mientras marcas tus pasos, primero sobre las
baldosas de piedra, enseguida sobre esa madera crujiente, fofa por la humedad y
el encierro. Cuentas en voz baja hasta veintidós y te detienes, con la caja de
fósforos entre las manos, el portafolio apretado contra las costillas. Tocas
esa puerta que huele a pino viejo y húmedo; buscas una manija; terminas por
empujar y sentir, ahora, un tapete bajo tus pies. Un tapete delgado, mal
extendido, que te hará tropezar y darte cuenta de la nueva luz, grisácea y
filtrada, que ilumina ciertos contornos”.
CARLOS
FUENTES, Aura
También se
puede usar en el género epistolar y muchas veces nos encontramos con cartas
dentro de una novela o una historia mayor que están escritas así. Sin embargo,
estos no son casos de narradores en segunda persona que quiero tratar aquí,
sino un narrador en segunda persona algo más complicado, que va más allá y se
dirige directamente al lector.
En “Si
una noche de invierno un viajero”, de Ítalo Calvino, el narrador
en segunda persona actúa a modo de un máster de juego de rol, intentando que el lector se identifique
con el personaje principal y se meta, a través de la imaginación, en su propia
piel.
“Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo
Calvino, Si una noche de invierno
un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier
otra idea. Deja que el
mundo que te rodea se
esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está
la televisión encendida. Dilo en
seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te
oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con
todo ese estruendo; dilo más
fuerte, grita: «¡Estoy empezando
a leer la nueva novela de Italo Calvino!» O no lo digas si no quieres;
esperemos que te dejen
en paz.
Adopta
la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de
espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en
la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama,
naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en
postura yoga. Con el libro invertido, claro”.
ITALO CALVINO, Si una noche de invierno un viajero
Otra obra
mucho más reciente que nos muestra un caso de narrador en segunda persona
es “Diario de invierno”, de Paul Auster. En esta
autobiografía novelada Auster se dirige al lector en segunda persona contando
su propia historia, ya que la idea que pretende que se desprenda del libro es
que sus emociones y vivencias son cotidianas, normales, y podrían ser las de
cualquier otro. De esta forma, a través del narrador en segunda persona, el
autor logra el curioso efecto de que el lector viva la vida del escritor como
si le hubiese sucedido a él.
Como muestra,
aquí os dejo el inicio de Diario de Invierno:
“Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro”.
Y aquí va una
lista de las principales características
del narrador en segunda persona:
El lector es el protagonista:
El narrador tiene que conseguir
el efecto de que los acontecimientos de la historia los protagoniza
directamente el lector.
Describe e intuye:
La carga psicológica al escribir
con este tipo de narrador es muy importante. Como si de un buen máster de rol
se tratase, el narrador tiene que describir bien lo que ocurre para que el
lector se visualice a sí mismo en medio de la escena. Además, ha de intuir las
reacciones del lector para poder adaptarse a sus emociones y pensamientos. De
otra manera, el lector se sentirá estafado. Esto es, si quieres que se emocione,
el narrador tendrá que lograr que el lector se emocione a través de la
descripción y de los acontecimientos. De poco servirá que le digas: “Ahora
estás emocionado” si no logras que llegue a ese punto por su propio pie.
La ambientación es fundamental:
Precisamente para lograr que el
lector se emocione o se divierta, que viva la historia como propia y entre en
el juego, la clave estará en la ambientación. Tienes que crear una atmósfera
real (que no necesariamente realista) y con el peso suficiente como para
envolver con ella al lector.
El tiempo es el presente:
El lector no tiene realmente los
recuerdos que intentas generarle, no ha vivido esas experiencias, sino que las
está viviendo en tiempo presente. Por eso es importante que uses los verbos en presente
para dirigirte a él, como si de un guión se tratase. El lector es el actor que
interpreta el papel que tú has creado.
De cualquier forma, piénsatelo
bien antes de ponerte a escribir un texto en segunda persona. Tiene que ser
algo muy específico que de verdad lo requiera y además hay que saber hacerlo
bien, porque si no es muy posible que los lectores se sientan confusos con este
narrador.
“Usted ha de amar el bello armario de su
dormitorio, con la gran puerta que se abre generosa, las tablas vacías a la
espera de mi ropa. Ahora los tengo ahí. Ahí dentro. Verdad que parece
imposible; ni Sara lo creería. Porque Sara nada sospecha, y el que no sospeche
nada procede de mi horrible tarea, una tarea que se lleva mis días y mis noches
en un solo golpe de rastrillo y me va calcinando por dentro y endureciendo como
esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la bañera y que a cada baño
parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de la
profundidad”.
JULIO CORTÁZAR, Carta
a una señorita en París
Diez Ejemplos de narración en segunda persona:
Veamos a
continuación ejemplos de narración en segunda persona. En cada ejemplo se
resaltan las conjugaciones verbales y los pronombres y adjetivos en los que se
evidencia esta segunda persona gramatical en el discurso:
1.Sales de tu casa a una hora en
la que la mayoría de los trabajadores lo hacen, limpiándote aún las
lagañas. Bostezas al cruzar la avenida 14, y te diriges a tomar
el mismo camión de siempre. Lo que no sabes, y aún ni siquiera te
imaginas, en un día tan común y corriente, es que tu vida está a
punto de cambiar de curso.
2.Sabías en ese instante que tus posibilidades
de convencerlos eran casi nulas. No era tu Sin embargo, a los ojos de
todos, tú serías el culpable. Te expulsarían, te señalarían…
Tu reputación no podía ser la misma. Decidiste actuar rápido y arriesgarte.
Caminaste hacia la oficina de Sergio, a esa hora estaría seguramente en
la cafetería comiendo el almuerzo. Así fue. El lugar estaba solo; entraste
y encendiste la computadora. Casi te da un vuelco el corazón
cuando te diste cuenta que no había contraseña.
3.Lo rodeas con los brazos, sientes su respiración cerca de tu
oreja; lo abrazas con más fuerza y deseas que ese momento se
prolongue como una postal de un idilio eterno. Muchos años pasarán y te seguirás
refugiando en este recuerdo.
4.Queridos lectores, nuestro
personaje se encuentra en una situación crítica y ni ustedes ni yo
sabemos si sobrevivirá. ¿Ustedes qué harían de encontrarse en
esta encrucijada? La mayoría de la gente, cobardes, huirían. La minoría de la
gente, entre la que se encuentra nuestro ingenuo personaje, actuaría.
5.Escondes el arma dentro del pantalón,
debajo de la camisa. Sabes que con la chaqueta holgada será muy difícil
que se percaten de que vas Solo tienes una bala y una
oportunidad. Encima, el tiempo limitado: apenas diez minutos antes de que el
operativo comience. Entras al edificio por la parte trasera. Nadie te
ha visto ingresar.
6.Podrías irte pero no te vas
de su lado. El resto de los hijos se ha ausentado, excusando cualquier pretexto
cotidiano. Permaneces ahí, en su enfermedad, tratando de recordarla en
mejores días. Es extraño que las imágenes no vengan a la imaginación tan fácil;
no recuerdas cuando fue la última vez que viste a tu madre radiante, en
pie, sin enfermedad alguna destrozando su cuerpo y su mente.
7.Un extraño se te acercará en la calle a pedirte las instrucciones
para llegar a una dirección. Te negarás y seguirás avanzando, sin
darte cuenta de que el extraño ha comenzado a caminar justo detrás, en la misma
dirección. Tampoco te diste cuenta que la dirección que te
mostró es la misma a la que ahora te diriges: la clínica central.
8.No crean que yo no sé lo que están pensando justo ahora: creen
que mi decisión fue mala. Ustedes, lectores, desde sus cómodos
sillones, con su ropa calientita y su café en la mano, me juzgan
a mí. Ustedes me juzgan con la mano de un dios tirano, como si
realmente me conocieran.
9.Abrirás la carta con una cierta
esperanza de que sea de ella. ¿Cómo puedes pensar que después de tantos
meses de no hablarle y de ausentarte ella te buscará? Sientes una
decepción deprimente al voltear la carta y ver un sello gubernamental. De nuevo
has caído en la trampa de creer que ella también te extraña.
10. Amarás con una fuerza sobrehumana; sabrás lo que significa entregarlo
todo por alguien y apostar tu vida entera a una causa. Querrás ofrecerlo
todo, prometerlo todo, con tal de mantener a esa persona a tu Pero se irá,
por más que te pese aceptarlo, así será; porque será alguien
pasajero y en ese momento no lo entenderás, sino hasta mucho tiempo
después, cuando llegue el verdadero amor de tu vida.
EJERCICIO #8
-Realice una carta.
-Ud. está contestando el pedido que le hizo un familiar.
-Responda a la interrogante ¿Cómo era? ¿Qué hizo?
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